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Cuento

Pedro LLahuecuy (Otoño 1993)

 

 

Este cuento está inspirado en una realidad vivida por una comunidad campesina de la octava región, que está siendo afectada por la plantación indiscriminada de pino y eucaliptus en tierras agricolas.

 

    Llahuecuy: La Forestal en el patio de mi casa

    Pedro LLahuecuy amaneció contento esa mañana. Sentía una gran alegría en su corazón, pues iba a realizar una hermosa tarea junto a sus tres pequeños hijos: cada uno de ellos, incluyéndose el mismo, iban a plantar un árbol.

    Cuando aparecieron los muchachos, peinados como día domingo, se encaminó con ellos hacia un monte cercano a su hogar. Al llegar al claro de un bosque puso en manos de sus hijos tres pequeños aromos, diciéndoles: "Este arbolito es el que anuncia en invierno que viene la primavera. Al enterrarlo cada uno debe decirle algunas palabras. De allí en adelante, ustedes serán responsables de su árbol. Este bosque fué plantado por nuestros abuelos y ustedes vienen a seguir la tradición.

    Los niños como si fuera un juego, se pusieron a cavar con gran empeño y, en un dos por tres, tenían un hoyo abierto en la tierra.

    Pedro, dijo el padre, tu que eres el mayor, planta el tuyo primero. El niño tomó entre sus manitas el pequeño aromo y arregalndo bien sus raíces lo depositó suavemente en la tierra diciendo:"Siempre estaré contigo y cuando seas grande sabré por tí que viene la primavera."

    Juan el del medio, tomó a su vez su arbolito y al enterrarlo dijo: "Espero que crezcas más alto que yo."

    Samuel el menor, tomó el que le correspondía y, al dejarlo en la tierra dijo: "Yo te cuidaré y si alguna vez estoy lejos de ti nunca te olvidaré."

    Luego el padre enterró el suyo diciendo: " Que estos árboles representen el cariño que siento por mis hijos y por la naturaleza". Acto seguido abrazó a sus hijos y volvió a la casa contento y satisfecho.

    Pasaron los años y los niños y los aromos crecieron juntos. Cada uno tenía especial cuidado con su árbol, a los cuales veían crecer, llenarse de ramas, de hojas y de nidos.

    Cuando murió Pedro Llahuecuy, su hijo mayor se puso a la cabeza del hogar y siguió trabajando en el campo, cuidando de su familia, de sus animales y por supuesto de su aromo.

    Su hermano Juan se fué a la ciudad a estudiar para maestro de educación y se quedó por allá ante las posibilidades de desarrollo en su profesión. De vez en cuando escribía a Pedro para darle noticias de su vida y siempre preguntaba por su aromo.

    El menor Samuel, enamorado de la aventura y las grandes emociones, se embarcó en un buque mercante y alguna vez escribió a su hermano para contarle que andaba en Irlanda, Noruega o algún otro país frío. Pero nunca dejó de preguntarle como estaba su árbol.

    Mientra tanto, Pedro Llahuecuy dedicaba su vida a sembrar la tierra y a cuidar de los suyos con cariño y abnegación. Cuando le bajaba la nostalgia por sus hermanos, subía al monte y frente a los aromos se ponía a conversar, seguro de que ellos lo escuchaban.

    Un día en que Pedro enyugaba su yunta de bueyes, vió venir a unos hombres extraños para el lugar. Cuando estuvieron frente a él les oyó decir:

    - ¿Tú eres Pedro Llahuecuy?
    - Si, señor.
    - "Queremos decirte que somos de la Empresa Forestal Tritura y que hemos comprado este fundo para explotar los bosques de la región."

    "Así debe ser, como ustedes dicen, pero esta es mi tierra, estas son mis viñas y aquí está mi hogar", dijo Pedro con sencillez.

    " Parece que no has entendido", tronó el que hacía de jefe. "Todos estos terrenos pertenecen ahora a FORESTAL TRITURA y en este campo vamos a plantar eucalyptus. Además cortaremos todo el bosque ya crecido. Solamente te avisamos paracumplir con la ley".

    Dicho esto los hombres se marcharon, dejando a Pedro sumido en la incertidumbre. Después de reflexionar durante algunos minutos, se dirigió rapidamente a casa de su vecino MELO. Allí se enteró que aquel también había recibido la terrible noticia. Decidieron buscar consejo en el Encargado Municipal.

    -"Efectivamente pues hombres, todos esos terrenos han sido vendidos por sus legítimos dueños a Forestal Tritura", les confirmó el funcionario.

    -"Pero esas tierras han sido siempre nuestras", protestó Pedro. "Nosotros las hemos sembrado, plantando esas viñas y esos bosques".

    - "Lo siento , dijo el Encargado Municipal , el hecho de que ustedes hayan vivido allí por años, no los hace dueños de la tierra".

    -"Pero que va a pasar con nosotros?, preguntaron los campesinos.

    -"No se. Yo no soy campesino", respondió el funcionario, dando por terminadala consulta.

    Pedro Llahuecuy y el vecino Melo, con el corazón acongojado, se detuvieron en medio de la calle sin saber que hacer.

    El silencio de la tarde fue quebrado por las campanas de la Iglesia llamando a los fieles a la oración. El vecino Melo, mirando a Pedro, susurró esperanzado: "El señor cura"...

    El párroco siempre había estado al lado de los campesinos y ya estaba enterado de la situación.

    "Escuchen, amigos, dijo el cura, quiero que se tranquilicen y no se atormenten. En estos mismos instantes voy saliendo con otros vecinos a entrevistarme con el Gobernador para exponerle esta grave situación.Quiero que vuelvan a sus casas y permanezcan allí. Ustedes no son los únicos que están sufriendo este problema, sino mucha más gente y no creo que la Forestal Tritura quiera arrasar con toda la vida campesina de este lugar".

    Regresaron los hombres a sus hogares y Pedro Llahuecuy , antes de entrar a su casa, subió al monte y, allí, sentándose al pie de los aromos dejó que el llanto corriera por su cara.

    La familia reunida, escuchaba tristemente a Pedro:

    -"Nosotros somos la tierra, los animales, los árboles, el agua.¿A dónde podemos ir? Aquí han vivido nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros hijos y aquí hemos de seguir todos hasta el final. No la abandonaremos. Dios nos escuchará. Dios es viejo, pero no es sordo".

    Pedro Llahuecuy amaneció angustiado esa mañana. Despertó con un terrible presentimiento. El invierno había sido helado este año, pero nunca había sentido tanto frío. Un ruido de motores le hizo volver la cabeza. De un par de camiones bajaron los trabajadores forestales de Tritura. Equipados con sus motosierras, empezaron a cortar los viejos eucaliptus. Algunos entraron a su campo con cajones llenos de árboles nuevos.

    -"¡Ahí no. gritó Pedro, desesperado... ahí está creciendo el trigo... ¿Ahí no. ", pero los trabajadores de Tritura no parecían escucharlo.

    El capataz, acercándose furioso le gritó a su vez: ¿Oye gañán , no tienes nada que hacer aquí. Ya te advertimos que te largaras!

    - "Pero el trigo está creciendo", balbuceó, Pedro.

    - "Esta ya no es tierra de trigo", sonrió el capataz con orgullo. Luego añadió: "Esto será un nuevo bosque" y sigió dirigiendo la faena, dejando al campesino sumido en la desesperación.

     

    El ruido de las motosierras le hizo mirar hacia el monte y salió corriendo como un loco.

    El capataz fue interrumpido en su tarea por unos trabajadores para avisarle que el "tal pedro Llahuecuy" , fuera de sí, habíase amarrado a un árbol. Se hizo el hombre rapidamente en el lugar y encontró al campesino fuertemente atado a un aromo.

    - "Pero, ¿Qué estas haciendo, infeliz? Tienes que abandonar ese árbol de inmediato. Y como Pedro no parecía oir sus advertencias, ordenó a sus trabajadores que siguieran cortando los árboles y si el campesino insistiera en su locura, lo cortaran también.

    El hijo de Pedro, que había presenciado la escena, corrió en busca del párroco monte abajo.

    Los trabajadores forestales, sierra en mano, realmente no sabían que hacer. Miraban a Pedro con cierta compasión y permanecían en su lugar sin atreverse a seguir.

    La noticia de lo que estaba sucediendo se esparció rapidamente por el campo y el resto de los campesinos em´pezó a reunirse alrededor de los aromos. En medio del tumulto apareció el capataz acompañado del patrón.

    -"¿Qué pasa muchacho, has enloquecido?, inquirió el dueño de Forestal Tritura.

    "¿No vas a ganar nada con esa actitud. Debes ver la realidad. Estos campos se llenaran de bosques, con los cuales se fabricarán muebles, casas. Además con la materia prima se podrán obtener muchos beneficios más. No puedes detener el progreso. Vuelve a tu familia que te está esperando. Vamos, abandona ese árbol.".

    Y Pedro... sin decir nada!

    -¡desátenlo!, ordenó el patrón.

    Es inutil, dejeron los obreros. No sabemos como diablo se amarró.

    - "¡Te ordeno por última vez que salagas de aquí!, vociferó el patrón, rojo de ira".

    -"Sólo tenemos este pedazo de tierra, se escuchó desde los aromos. Sólo tenemos unos pocos animales, algunos gladiolos, algunas aves, semillas y estos árboles. Ellos son mis hermanos y si ellos van a morir, quiero morir con ellos. Aquí está todo lo que amo y no se puede vivir sin amor".

    -"¡Pero ,aquí no hay nadie!, gritó el patrón enfurecido. Sólo hay árboles, estúpido".

    "Sólo ves lo que quieres ver, respondió Pedro, dulcemente.

    El patrón, mirando a Pedro a los ojos, ordenó:

    -"¡Córtenlo!".

     

    Cuando el párroco, con el corazón en la mano, llegó corriendo al monte, vió a la familia de Pedro Llahuecuy llorando sin consuelo. Y, al mirar hacia el norte, divisó un camión lleno de trozos de árboles enfilando hacia la ciudad.

    Entre los palos alcanzó a distinguir la flor de un aromo anunciando la llegada de una nueva primavera.

     

     

     

     

     

     

El Bototo
Pedro LLahuecuy
La Enfermera
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© JORGE YAÑEZ CHILE 2012.Ultima modificación: 19-Mar-2013 17:45
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